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COVID19, ¿estamos dispuestos a compartir vacunas?

26 julio 2021

El 28 de febrero se cumplió un año desde que se confirmó el primer caso de coronavirus en Euskadi. Desde entonces en la CAV se han diagnosticado 151.000 casos con 3726 fallecidos. A nivel mundial según los datos de la Universidad Josf Hopkins, hay 114.428.987 casos diagnosticados y 2.538.582 personas fallecidas.

Ante estos impresionantes datos la buena noticia es que en menos de un año, y según el portal bio RENDER, hay en la actualidad 195 proyectos de vacuna de las cuales 71 están en la fase de ensayos clínicos. Jamás se había invertido tanto dinero y había habido tanta colaboración para el desarrollo de vacunas entre entidades públicas, entidades privadas, centros de investigación, universidades, famaceúticas, empresas y ONGs. Como consecuencia, la Organización Mundial de la Salud, ha autorizado las vacunas de Pfizer-Biontech, Moderna, AstraZeneca-Oxford, Sputnik V y Sinopharm. Y al menos otras 20 vacunas están en ensayos clínicos de fase III y en las próximas semanas y meses podrán ser aprobadas, si los resultados son satisfactorios.

Sin embargo, la pregunta, es cómo se logrará distribuir de manera justa y equitativa una cantidad limitada de existencias.
Desde la OMS indican que se necesita entre un 60% y un 70% de la población inmunizada para romper la cadena de transmisión. Para garantizar el acceso de forma equitativa a la vacuna en todo el planeta, de manera que los países sin recursos las reciban en igual cantidad y al mismo tiempo que los prósperos, se creó en abril de 2020 el Covax, una plataforma de países ricos y pobres para aunar esfuerzos en la investigación, negociación de los precios y distribución. El objetivo de esta alianza es proveer a los 187 socios con 2.000 millones de vacunas en 2021. De estas, alrededor de 1.300 millones se entregarán a los 92 países más pobres que participan en el plan, que no se pueden permitir adquirirlas, lo que cubre alrededor del 20% de su población.

También es importante señalar que Covax es necesario pero no suficiente. Con una cobertura de población del 20%, es una pieza fundamental de la solución, pero los países pobres seguirán enfrentando brechas masivas en el acceso a las vacunas. Tenemos que preocuparnos por la cobertura de población restante del 40-50% necesaria para alcanzar la inmunidad colectiva en estos países. Así, , se enviarán más vacunas a los países en función de la financiación disponible.  Hasta ahora, Covax ha recaudado US$2.400 millones, pero la organización dice que necesita al menos otros US$4.600 millones más para cumplir con su objetivo global de vacunación para 2021.

A la vista de estos datos, se propone apartar algunas dosis y conservarlas en calidad de «reserva con fines humanitarios».
Una pequeña reserva de un máximo del 5 % del número total de dosis disponibles se apartará en calidad de mecanismo de respaldo con el fin de que sirva como último recurso en el caso de que las estrategias puestas en práctica por algún gobierno no bastaran para satisfacer las necesidades de determinados grupos demográficos.

Y es que según un estudio que realizó la Universidad de Duke en Estados Unidos y que se volvió referencia en el tema en los últimos meses, la forma en la que se distribuyen actualmente las vacunas supone otro grave peligro de salud pública a nivel mundial. La situación, de alguna forma, reproduce el actual sistema global: los países más ricos han comprado ya la mayor cantidad de vacunas que se producirá este año, mientras los más pobres no tendrán dosis para administrar incluso ni a sus poblaciones más vulnerables. Los países de ingresos altos tienen el 16% de la población mundial, pero actualmente cuentan con el 60% de las dosis de vacunas que se han vendido. Como resultado, se estima que cerca del 90% de las habitantes en casi 70 países de bajos ingresos tendrán pocas posibilidades de vacunarse contra el covid-19 en 2021. Mientras, otras naciones, como Canadá, ya han comprado suficientes dosis para vacunar cinco veces a su población.

Muchas naciones pobres tendrán que esperar hasta incluso 2024 para vacunar a toda su población contra el coronavirus.
La distribución desigual de las vacunas es peligrosa para todos. Ciertamente es un fracaso moral, pero también nos enfrentamos a resultados económicos y de salud catastróficos. Provocará muchas más muertes en todo el mundo, especialmente entre nuestros vecinos más vulnerables. Pero también significa que el virus continuará propagándose y mutando, aumentando el riesgo de que nuestra lista de vacunas no cubra eficazmente nuevas cepas.

Es poco probable que la vida vuelva a la normalidad hasta que la gran mayoría de la población mundial esté protegida contra el virus. Las vacunas, dicen los expertos en salud, son la solución, pero deben compartirse para que los países puedan coordinar y poner fin a la pandemia juntos. Ahora nos toca a nosotros decidir. Estamos dispuestos a retrasar nuestra fecha de vacunación para compartir la vacuna con otras poblaciones más vulnerables?

Josu Urrutia Beristain

Director de Mundukide

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